Perros en el Frenopático
[Adicto]



¿De verdad quieres conocerme? ¿De verdad quieres saber quien soy? Pregunto sin levantar la cabeza al enano de la bata blanca, que pretende ordenar mi cabeza invitándome a tomar cócteles de pastillas rojas, verdes y amarillas (gentileza de Paco Pil), que curiosamente se parecen mucho a las que montaron todo este revuelo.

Te comento. Soy una anti-persona o mejor dicho soy un anti-humano. Entiendes que significa esta palabra. Veamos, yo ya no pertenezco a este mundo, pero no me confundas, no me refiero a que vengo de Raticulin, tampoco he llegado a este planeta en una nave espacial con forma de paletilla 4 Jotas, ni ninguna movida por el estilo. Mi historia es mucho más sencilla. Simplemente esta vida a dejado de ser mía y por lo tanto ya no me interesa. El aire de este planeta me asfixia, el agua de sus entrañas me envenena cada día un poquito más y el sol pudre mi piel con cada uno de sus rayos. No tengo intención de ir a ningún lugar mas allá de estos pasillos, ni alimentarme con otra cosa que no sea mi propia mierda. Ya no quiero comer más vuestros residuos. No deseo batir ningún record, ni dejar rastro de mi existencia. No existe curación, no quiero curación.

Si me preguntas por mis aspiraciones, solo deseo que se oxiden mis heridas de aguja, andar descalzo por la calle, tragar mi semen, poner bombas lapa en el corazón de mis amigos, dormir en los contenedores de basura, ser una decepción para mi familia, morir joven, morir ya. Nadie puede entender que quiera morir, nadie puede entender que este eslabón de la cadena esta roto y lo más fácil es cambiarlo por otro. Es que nadie puede entenderme.

¿Hacia donde hay que correr para huir de uno mismo? ¿Contra quien hay que luchar para ser herido de muerte? ¿Que botón he de pulsar para que mi corazón se pare, mejor dicho, que puto botón revienta mi corazón en miles de trozos?.

Usa tus medicinas y tu tiempo para otros. Para alguien que lo necesite. Invierte tus horas en ayudar a los que todavía tienen esperanzas, a los que todavía no ha señalado el destino con su dedo acusador, a los que la sangre no se les a helado esperando una oportunidad. Busca a los que esperan el ascensor impacientes, a los que cogen el teléfono deseando que sean buenas noticias, a los que huyen de la pobreza para caer en manos de la explotación, a los que han sido condenados a 10.000 años sabiendo que no van a vivir mas de 60, a los que lloran de felicidad, a los que ríen por su ignorancia.




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