El Cielo del Paladar
21.septiembre.2011


Bajé la guardia un momento, un segundito de nada, y el Cielo al que dejé de temer hace milenios se desmoronó sobre mi cabeza. Una espesa nueva gris marengo que dejó paso a la más cegadora de las luces. Una jauría de charcos en los que florecieron en rojo óxido mis deseos. Un enorme ramillete de pensamientos. Cogí aire. Una bocanada fresca de oxígeno. Y, desde aquel día primaveral, sigo soltando el aire. Poquito a poquito. Sin estridencias. Sin tensiones. Con la tranquilidad que me confiere estar paseando descalzo sobre el Cielo. Sobre tu Cielo.

Hoy echo de menos a mis charcos. Su presencia me garantizaría tu reflejo multiplicado por mil. No tengo ni idea dónde fueron a parar. Al caer el Cielo todo lo que me rodeaba perdió su rumbo. Un eterno tiovivo que acerca a mi rostro todas y cada una de las posibles direcciones. Los caminos que nunca tomé porque jamás llevaron a ninguna parte. Y hoy, aquí y hora, la dios ironía se permite la osadía de pasearlos frente a mis ojos. Como en una muestra desafiante de su poder. Buscando el arrepentimiento que vendí a muy pronta edad. Junto a mi coherencia. Ninguna de las dos me servían para nada siendo un crío. Y, siendo un crío, jamás creí llegar a arrancar la página de hoy en el calendario que nunca tuve.

Te he mirado tantas veces a los ojos que me cuesta recordar las veces que mi mirada se ha perdido en tu boca. Yo no puedo estar en todo. El baúl de mis recuerdos lo robó un Dios corrupto y dejó bajo mi almohada un baúl de secretos. Ese baúl se ha quedado pequeño con todas las cosas que nunca te digo. Y escondí hace semanas una ganzúa bajo tu almohada y crucé los dedos para que todo encajara. Pero, de momento, sigo sentado en el mismo recodo del mismo camino que nunca tomé. Ese camino que, si me preguntases, puede que te mintiese y te dijese que jamás tomaré.

No puedo sentir más calma. No puede sentirte más. Puede que dar el paso, en esa escalera malvada, nos lleve directos a una prisión. Puede que cualquier movimiento arrugue cada uno de los renglones que tenemos pendientes redactar. Pero también puede que no. Es posible que este Cielo desangelado esté esperando, precisamente, ese paso. El que nunca damos. De igual forma que es posible que sigamos avanzando y, cuando el placer se convierte en dolor, nos haya impedido toda la vida llegar al orgasmo. Por el miedo a seguir avanzando. Por el miedo y, en parte también, por si acaso.

Nunca te he ofrecido la mano, por si la coges. Nunca te he pedido nada a cambio ni me he quedado nunca con las ganas. Me gusta esta brisa suave. Me gusta este trocito de calma. Me gusta saberte cerca porque, cuando nunca pasa nada, es precisamente cuando te siento más cerca. Más dentro. Más clara.

[El Doctor ArritmiA]





2000-2012 © www.colaboracionciudadana.com